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Un viaje al otro Museo

Bajo los pies de los visitantes, en el subsuelo del Museo de Ciencias Naturales se encuentra a resguardo un patrimonio natural que es testimonio de la biodiversidad del planeta. Se trara del herbario.
Se sabe que su colección de piezas paleontológicas es una de las más importantes del mundo, y que muchos de los restos que se exponen en sus salas son únicos en el planeta. Pero lo que quizá no se sabe demasiado es que el Museo de Ciencias Naturales atesora en su subsuelo una serie de colecciones que son igualmente importantes y que, al menos por el momento, no están a la vista del público.Recorrer por primera vez los laberínticos pasillos del histórico edificio ubicado en el corazón del Bosque platense es una aventura en sí misma. Y lo es aún más el hecho de colarse en los depósitos y oficinas, cuyo acceso está vedado a quienes no pertenecen a esa casa de la UNLP.Hoy tuvo la oportunidad de recorrer una de ellas: el “Herbario de la división de Plantas Vasculares”, que custodia las piezas que recolectó el propio Carlos Luis Spegazzini, uno de los sabios que contribuyeron al crecimiento de la ciudad durante sus años fundacionales.“Un herbario es como una biblioteca, donde prestamos y nos hacen préstamos científicos de museos de todo el mundo. No son expuestas al público porque es una colección destinada a la investigación”, cuenta la curadora Laura Iharlegui.El herbario contiene 500 mil ejemplares y se compone de helechos, gimnospermas y angiospermas. Se trata de una colección valuada en cerca de cuatro millones de dólares, según la tasación que realizara la American Society of Plan Taxonomists.Cabe destacar que a nivel nacional, el herbario de plantas vasculares se encuentra en tercer lugar, luego del Museo Juan Domínguez de Buenos Aires que cuenta con 800 mil ejemplares, y el Instituto Miguel Lilo de Tucumán, que se compone de 700 mil ejemplares.La misión de un herbario no se reduce al ordenamiento y colección de especies, sino que entre sus múltiples funciones se encuentra la de ser un registro de biodiversidad vegetal, constituir una fuente de germoplasma de especies amenazadas; y proveer información sobre las localidades de poblaciones vegetales para realizar estudios que van desde el control biológico hasta el análisis de plantas raras o en peligro de extinción.“El herbario es un documento, es referencia de una amplia variedad de estudios aplicados a la medicina, la genética y la química”, explica Iharlegui.La remodelación En septiembre de 2005, el herbario fue remodelado. Se trató de un trabajo que permitió modernizar los lugares y mecanismos de conservación de los ejemplares.Antes de los trabajos, los armarios donde se guardaban las especies vegetales eran en su mayoría metálicos y hasta se poseían algunos de los primeros armarios, construidos en madera, elemento histórico y testimonio de la historia del herbario, pero inadecuados para la conservación de un patrimonio antiquísimo. La madera es un material muy susceptible al ataque de las plagas y hongos, uno de los mayores peligros de los herbarios.“A su vez, estos guardaherbarios eran utilizados como separadores de los lugares de trabajo”, comenta la curadora, y agrega lo siguiente: “En este sector trabajan quince investigadores y técnicos. La convivencia entre los lugares de trabajo y la colección dificultaba realizar el cuidado adecuado”.La modernización del espacio permitió que, por un lado, haya más lugar para los investigadores y que los ejemplares sean conservados en muebles compactos, que permiten optimizar el espacio físico y darle a la colección el frío y la humedad adecuados.La historia En 1887, por iniciativa de Francisco Pascasio Moreno, fundador del Museo, la primera sección de botánica estuvo a cargo de Spegazzini, quien enseguida comenzó a explorar el territorio argentino, sobre todo la Patagonia y trajo los primeros ejemplares que aún se conservan en perfecto estado.La labor de Spegazzini fue continuada por Nicolás Alboff, botánico ruso que ayudó a acrecentar la colección con sus viajes exploratorios a Sierra de la Ventana, Misiones, Tierra del Fuego, Corrientes y Paraguay.En 1924, asumió la dirección del herbario Augusto Scala, iniciador de los estudios histológicos botánicos del país. Con su actividad de explorador y con la compra de ejemplares al coleccionista Saturnino Venturi, la colección del herbario alcanzó los 4 mil ejemplares.Después del fallecimiento de Scala, en 1933 se hizo cargo de la dirección el científico Lorenzo Parodi. Este botánico tenía entre sus mejores discípulos a Angel Cabrera, alguien que con su genio dejaría su sello en el herbario, debido a que durante su gestión el herbario pudo enriquecer sus ejemplares y elevó su número a medio millón.Cabrera dirigió el herbario hasta 1975, cuando asumió el cargo de director del Instituto de Botánica Darwinion de San Isidro.Hoy, el herbario está a cargo de Jorge Crisci, bajo cuya dirección se llevó adelante la remodelación de la división Plantas Vasculares.Como se ve, el Museo de Ciencias Naturales es mucho más que una sala de exposiciones.
Las demás colecciones
El herbario no es la única colección que no está a la vista del público, el Museo guarda más de 2 millones y medio de objetos de colección, algunos de ellos, únicos en el mundo. Pero no todos están en exposición.La colección Paleontología de Vertebrados comenzó en 1877, cuando el perito Francisco P. Moreno donó a la Provincia sus 15 mil piezas paleontológicas y arqueológicas.A ese material le siguieron otros recolectados por los hermanos Carlos y Florentino Ameghino, Alcides Mercerat, Santiago Roth, F. Von Huene y Lucas Kraglievich.En la actualidad, la colección cuenta con unos 140 mil restos de ejemplares. Asimismo, existe una colección de vertebrados fósiles de Antártida, resultado de más de 15 viajes de campaña realizados por personal del Museo y del Instituto Antártico Argentino. La colección se compone por más de 15 mil restos de especímenes entre peces, reptiles marinos, dinosaurios, aves y mamíferos provenientes de las islas Vega, James Ross, Marambio y de la Península Antártica.