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El último adiós a la mejor alumna de Sor Ludovica

Fue hermana Superiora del nosocomio local, donde conoció a la beata platense. Dedicó su vida al cuidado de los niños y a propagar el ejemplo de Ludovica. Hoy será la última misa y se trasladarán los restos al Cementerio de nuestra ciudad
La obra de la hermana Emilia Elvira Paternosto (74 años) será difícil de olvidar en el Hospital de Niños de La Plata. Hasta hace dos años, cuando una enfermedad la obligó a permanecer en reposo, dedicó su vida al cuidado de los chicos y a pregonar la devoción por Sor María Ludovica, a quien conoció en vida e impulsó la causa que llevó a la beata platense a los máximos altares de la Iglesia católica. El último adiós de la hermana Paternosto comenzó ayer en la capilla del Hospital de Niños (a la izquierda del hall central) con una misa de cuerpo presente. Y continuará hoy con dos celebraciones (a las 8 y a las 10), hasta que los restos sean trasladados al cementerio de La Plata. El cuerpo de la hermana descansará -justamente- en la bóveda que ocupó Sor María Ludovica hasta antes de ser beatificada por Juan Pablo II y llevada a la Catedral platense. Martha Rabino, hermana superiora de las Hijas del Misericordia, explicó a Hoy que Paternosto “se encontraba muy enferma” pero “nunca se quejó de su dolor; te hablaba de Sor Ludovica”. Y agregó: “Hoy (por ayer) llegó la noticia a Roma y estaban muy tristes ya que la hermana Emilia llevó adelante este hospital (por el Niños) y la causa de Ludovica. Era una persona muy valiosa”. La despedida a Paternosto, que contará hoy con la presencia del arzobispo de La Plata, Monseñor Héctor Aguer, en la misa de las 10, reúne a las congregaciones de las Hijas de la Misericordia pero también a una gran cantidad de familias platenses que conocieron a la hermana durante su permanencia como Superiora del nosocomio local. “Su tarea fue ejemplar. Acompañó a los chicos internados y dedicó su vida a mantener el hospital”, indicó Graciela Sánchez, madre de dos niños que estuvieron internados por problemas pulmonares. Nelly Paternosto, hermana menor de Emilia (65 años), estuvo presente en la misa de ayer. “Fue como una madre para mí; ella me crió”, dijo a Hoy Nelly, al tiempo que agregó: “Siempre fue una persona de empuje y carácter positivo. Ella sembró mucha fuerza en los niños”. El milagro A pesar de su bajo perfil -así la recuerdan las hermanas de la Misericordia- Emilia tuvo un momento de constante exposición en la vida católica. Es que gracias a su intersección -y devoción- Sor María Ludovica llegó a convertirse en beata hace dos años. Emilia fue la encargada de guiar a Antonella Cristelli, una niña platense con graves trastornos de salud -entre ellos, la espina bífida y las vías urinarias, la vejiga y uno de sus riñones sumamente deteriorados, agravado por un cuadro de inmovilidad en las extremidades inferiores-hasta la bóveda de Ludovica donde tras orar se produjo un milagro de sanación reconocido por el Vaticano. Según cuenta la historia que conmovió a nuestra ciudad, cuando Antonella tenía nueve meses, un tío -médico del Hospital de Niños- fue a ver a la hermana Emilia, sucesora de Sor Ludovica y notaria de su proceso de canonización, para pedirle que rezara por su sobrina. La hermana así lo hizo, no sin antes recomendar a la familia que llevaran a Antonella al cementerio para rezar en la bóveda que guardaba -hasta hacía dos años- los restos de la religiosa. Al hacerlo, colocaron a la pequeña en el suelo, junto al sarcófago de Ludovica y al instante, comenzó a mover sus piernas. Pero lo que más sorprendió -en especial a los médicos que no encontraron una explicación científica- fue ver a la niña apoyarse en el ataúd y ponerse de pie. A los 20 meses, caminaba perfectamente. Ese milagro permitió a Ludovica convertirse en beata.